Un espacio para el corazón

Si la sinceridad fuera una persona, sería un niño

Un dicho afirma que “los niños siempre dicen la verdad”. Y esto, efectivamente, es real. Cuando un pequeño siente algo, lo expresa de manera sincera, tanto, que hasta puede dejar lecciones.

Si la sinceridad fuera una persona, sería un niño. Cuando una madre lee esta frase no tiene dudas. Sonríe al recordar las travesuras de su hijo, quien alguna vez le habrá hecho reír a carcajadas por un buen rato o también, en alguna ocasión, y por tanta sinceridad, la habrá metido en algún lío.

Cuando un niño sonríe, cuando un niño te echa los brazos, cuando un niño agarra un carrito o una muñeca entre sus manos para construir su mundo, o cuando un niño dice algo, sigue los designios de su corazón. Y serle fiel al corazón es una proeza que solo logran los valientes. Se requiere de coraje para decir siempre la verdad, para ser sinceros. ¡Alabados sean los niños y sus corazones, porque su fuerza los hace valerosos!

La sinceridad de un niño no solo se circunscribe a las palabras -aunque sí, es verdad que los niños dicen la verdad de manera tan natural que muchas veces es graciosa-; la sinceridad de los niños también se expresa en sus actos. Cuando un niño le da un beso espontáneamente a un peluche es porque le quiere dar amor, y no le importa si el peluche le responde o no. Abraza porque le nace, llora porque está expresando sus sentimientos, no finge, es auténtico.

Y aunque la sinceridad de los niños es admirable, también es importante saber, que muchos aprenden a mentir desde muy pequeños, para agradar o para evitar problemas. La sinceridad y la espontaneidad son hermanas, lo cual explica porque de los labios de los niños surge tanta sinceridad, sus mentes no maquinan ni siquiera por instantes lo que van a pronunciar, solo lo dicen y punto.

Por eso más de una madre recordara con rubor en las mejillas, aquella frase que su hijo dijo, y que seguro la colocó en un aprieto, sin embrago los adultos podemos entender que las palabras de los niños no están cargadas de maldad y que, a veces, aunque la verdad sea dolorosa, o incomoda, es la verdad y tener acceso a ella es siempre una bendición.

Yo deje de fumar gracias a mi sobrino, confiesa resuelta Aura Rosa, una mujer de 40 años, quien en medio de una conversación reitera que los niños son las personas más sinceras del mundo. Un buen día el sobrino de Aura Rosa se negó a abrazarla porque ella traía la ropa impregnada a olor a cigarrillo. El niño se acercó a ella y le dijo que olía mal y que por eso no la abrazaría. Esta situación desencantó a la mujer que la motivó, de una sola vez, a dejar de fumar. La sinceridad del niño la ayudo a mejorar su calidad de vida.

Más de una vez la espontanea sinceridad de tu hijo habrá logrado sacarte carcajadas. Es natural que resulte encantador un comportamiento que no es fingido. Vivir de continuo con un niño conlleva a que todas las mamás del mundo asientan cuando alguien les dice: Si la sinceridad fuera una persona, sería un niño, pues para ellas no hay sentencia más cierta que esa.

“Definitivamente, los niños son muy sinceros, y no cabe duda”

Con información de eresmama.com

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