Un espacio para el corazón

Agradecimiento al hombre que me hizo madre a los 17 años

Quizá para muchas, el hecho de que esa persona que se creía especial se vaya pocos meses antes de ser madres, dejándolas solas, pudiese ser una experiencia traumática. A mí, ¡me hizo más fuerte!

Lo más probable es que esto jamás sea leído por la persona que debería y si fuese el caso, lo más probable es que lo tomara a mal, porque según él cada cosa que sale de mí es solo para perjudicarlo o quedar como víctima, pero hace poco leí una frase que decía “Agradece aquellas experiencias que llegaron a despertarte a una conciencia mayor, más compasiva y generosa, sé generosa con aquellas que lo hicieron desde el amor, como con quienes solo pudiste percibir dolor” y creo que la experiencia que lejos me ha hecho despertar a una nueva vida fue el haber sido en algún momento (y por cierto con mucho orgullo) mamá soltera.

El trabajo de una madre es sin duda el trabajo más exigente que existe, nadie te lo paga, todos te critican, ya no tienes ni fines de semana ni vacaciones, ya que todo ese tiempo libre se convierten en un arduo trabajo por mantener a tu hija entretenida, noches en vela -pero esta vez no por fiestas-, descubres que ni en el baño puedes estar tranquila y que el silencio es, la mayoría de las veces, más peligroso que el ruido. Por mucho tiempo ya no necesitas despertadores porque despiertan a las 8:00 am pase lo que pase, ahora imaginemos una adolescente que es madre, que está en la etapa de transición entre la niñez y adultez y por tanto es emocionalmente muy lábil y agreguemos a eso el ser madre soltera y los prejuicios que existen en torno al tema: las mujeres de tu edad te miran con pena, los hombres piensan que eres “puta”, los papás de tus amigos creen que eres una “mala junta”, y todos los adultos sobre los 60 te miran como si hubieses sido “violada”.

Hay cosas que solo yo sé que he debido soportar y pese a todo no me arrepiento de nada, antes lo hacía pero ya no, y es por eso que deseo dar las gracias al hombre que me convirtió en madre a los 17 años. ¿Por qué, se preguntaran?

  • Primero porque gracias a ti tengo en mi vida al ser que ha llenado mi corazón desde que supe de su existencia, mi hija. Ella siendo tan pequeña supo rescatarme de las depresiones más horribles y los momentos más tristes y como luz fue encendiendo cada rincón de mi alma hasta lograr por fin encender mi propia luz.
  • Gracias porque cuando decidiste no ser parte de la vida de nuestra hija pude experimentar la felicidad de criarla y verla crecer, de darle a nuestra hija el amor y el afecto suficientes como para que no se diera cuenta de tu ausencia.
  • Gracias porque aunque sentí tu confusión de volver o no a estar juntos, aceptaste que lo que me habías hecho yo no podría perdonarlo y te rendiste a tiempo, para que nuestra hija no nos recordara juntos. Porque sé que no hubiésemos funcionado como familia y tarde o temprano terminaríamos separándonos, gracias porque fue “antes”.
  • Gracias por darme una gran lección al momento de hablarle del amor y el sexo, para decirle que no debe irse con el primer hombre que le jure amor verdadero, que acostarte con alguien no hará que te ame más, que embarazarte no significa que se quedará contigo.
  • Gracias por que al habernos dejado me permitiste encontrar a alguien mejor para mí o para nosotras, alguien que superó junto a mi sus miedos sobre la paternidad, que se emprendió junto a nosotras en nuestra maravillosa familia; gracias porque él se enamoró de mi siendo mamá, con mis actitudes de mamá, con mi dulzura de mamá y con la valentía de una mamá y eso no hubiese sido posible si no te hubiera conocido a ti antes.
  • Gracias porque si no me hubieses puesto en una situación tan extrema como el tener una relación paralela con otra mujer, yo jamás hubiera reaccionado y seguiría siendo una mujer sumisa, perdí un amor pero encontré la primera chispa de un amor mucho más grande, el amor propio, porque no hay amor lo suficiente capaz de llenar  el vacío de una persona que no se ama a sí misma. Esa fue la primera chispa de amor que me hizo sentir que merecía algo mejor.
  • Gracias por obligarme a crecer, a madurar, a perdonar y a reconciliarme con la vida, me permitiste ver que soy una mujer increíble capaz de separar lo que pasó entre nosotros de lo que pasa con nuestra hija, una ex o dama que nunca te rogó, ni te lloró patéticamente para que me escogieras y una “super mamá” que por un tiempo pudo llenar el rol de padre, hasta la llegada de nuestro “super papá”.

Hoy agradezco de forma escrita lo que he sabido por mucho tiempo en mi fuero interno, esto es lo que me ha permitido cerrar el círculo, completar esta historia y dar vuelta la página. Ser madre es mi más grande reto y uno de mis mayores logros porque gracias a todo lo que me ha tocado vivir hoy siento que soy capaz de todo.

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